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Viernes 01 de diciembre de 2017 •22:24

Todo esto no es algo que pasó de un día para otro, sino que es el resultado de las acciones del hombre.

 

Foto caballito

 
Terminada la Cumbre de Bonn, quisiera hablarles de un tema que nos afecta a todos: el ambiente. En la Cumbre de Naciones Unidas para el Cambio Climático 2017 participaron representantes de todo el mundo con una única preocupación: “tomar medidas radicales sobre el clima”.
 
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Dentro de esta Cumbre, la Ciudad de Buenos Aires se comprometió junto a otras 25 ciudades, a ser una ciudad carbono neutral antes de 2050, lo que implica generar acciones que compensen la contaminación que genera una gran ciudad, es decir, “reducir las emisiones contaminantes”. Este compromiso tiene una sentido y quiero recordarles por qué:
 
 
Hace pocos días, a través de la Organización Meteorológica Mundial, supimos que las emisiones de dióxido de carbono -principal gas de efecto invernadero- volvieron a alcanzar niveles récord en el 2016. Hecho que no se presentaba hace millones de años; esto es grave ya que podría elevar el nivel de los mares y aumentar en 3 grados la temperatura de la tierra. De hecho, el apartado vinculado al estado del clima mundial de la Organización sostiene que el 2017 terminará siendo uno de los años más cálidos de la historia, con temperaturas más altas de lo normal y fenómenos extraordinarios sin precedentes.
 
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No hace falta más que recordar los hitos meteorológicos extremos que se produjeron en los últimos meses, me refiero a los huracanes Irma, José y María que devastaron Centroamérica y el Caribe. O lo ocurrido en algunas zonas de Asia, donde las temperaturas llegaron a superar los 50 grados centígrados, lo que confirma que el período 2013-2017 será el quinquenio más cálido registrado. Otro dato alarmante es que entre 1901 y 2010, el nivel medio del mar aumentó 19 centímetros porque los océanos se fueron expandiendo, debido al calentamiento global y al deshielo. Se prevé una elevación media del nivel del mar de entre 24 y 30 centímetros para 2065.
 
Foto oce 2
 
La ciudad de Buenos Aires no es ajena a esto. De hecho, existen señales y situaciones ambientales concretas como las lluvias que vivimos cada vez con más frecuencia, donde un fin de semana puede llover la misma cantidad de agua que antes caía en un mes, o como sucede con las estaciones del año que son cada vez más confusas e imperceptibles. En los últimos 50 años las precipitaciones en la ciudad aumentaron en promedio un 30%. Si durante octubre de 1966 llovieron 75 milímetros, en el mismo mes de 2016 esta cantidad trepó a los 161 milímetros. Encima estas lluvias no son generalizadas. Hay zonas de la ciudad con mucho caudal de caída de agua y otras con menos. Esto hace que siempre estemos en estado de alerta, para ir redistribuyendo recursos en casos de emergencia.
 
 
En los últimos 50 años también en la ciudad, la temperatura media anual aumentó un grado centígrado. Es un dato significativo si se tiene en cuenta que el mundo entero intenta lograr en este siglo un aumento de la temperatura inferior a 2 grados centígrados. El verano pasado, en el mes de febrero, para no ir más lejos, se decretó el alerta roja debido a una sucesión de días de calor excepcionales. Con temperaturas que superaron los umbrales considerados normales, durante más de 8 días consecutivos. Se trató de la ola de calor más persistente para un mes de febrero en la región. La térmica llegó a los 40 grados y vino acompañada de tormentas fuertes y vientos con ráfagas muy intensas. En esta línea de cambios estacionales, el Servicio Meteorológico Nacional informó que el reciente invierno fue el más cálido de la historia de la ciudad, ya que se registraron 27 días con más de 20 grados de temperatura ambiente. Se pronostica que para este verano el fenómeno conocido como “La niña” traerá lluvias menos frecuentes pero más intensas.
 
Foto oce 3
 
Todo esto no es algo que pasó de un día para otro, sino que es el resultado de las acciones del hombre. Nuestro país adhirió en agosto del año pasado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible que impulsa Naciones Unidas. Son 17 objetivos para transformar el mundo, que incluyen poner fin a la pobreza y luchar por la educación, la igualdad de la mujer y la defensa del ambiente. Es la oportunidad que tenemos para emprender un nuevo camino que nos mejora la vida a todos. Los ejes de acción de esta iniciativa pasan, entre otros, por trabajar para garantizar el acceso a una energía asequible, sostenible y moderna; lograr ciudades inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles; y adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.
 
Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires
 

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